El agua, un regalo extraordinario

Publicado el 16 de November de 2020

Lo recuerdo perfectamente, era un viernes de aquellos que no se pueden olvidar, un viernes que cada año, y quizás hace treinta, dedico a regalarme auténticos tesoros de la naturaleza.

Me imagino, lectoras y lectores, que quizá estará estupefactos y, por tanto, me explicaré un poco más. Para empezar, deciros que mi cumpleaños es el mes de noviembre, y eso no tiene ninguna importancia. Pero lo que si que es realmente relevante, es que precisamente por aquellas fechas se celebra la feria de minerales más importante de Cataluña. Una auténtica conjunción cósmica, ¿verdad? No? Pues aunque os daré una pista más, a un científico enamorado de las joyas de la naturaleza, qué regalo de cumpleaños le puede proceder mejor que una geoda rellena de cristales? Estamos de acuerdo ahora? Y así estaba yo ahora debe hacer quince o veinte años, caminando lentamente, un viernes de otoño, por medio de mil puestos de minerales que resplandecían bajo las luces halógenas con el fulgor de mil diamantes. Sólo había un problema, los viernes son día lectivo y decenas de grupos escolares competían conmigo, para situarse en primera fila ante las muestras espectaculares. Yo, aprovechando que las criaturas de primaria son muy pequeños, los apartaba cuidadosamente y me colaba hasta las posiciones de cabeza.

De repente, tras la diminuta cabecita de una niña monísimas y súper bichos, decorado con una diadema de orejas de Micky Mouse, descubrí unos cristales preciosos y, como soy hiperactivo, me empecé a poner nervioso. Por suerte, un alma caritativa detectó mi impaciencia. La profesora, una mujer joven y dinámica, cogió a la niña por su diminuto mano y me cedió el lugar.

Allí estaba por fin, disfrutando del placer de haber encontrado exactamente lo que había ido a buscar, el regalo perfecto para un coleccionista sistemático, para el amante de la química, la física y sobre todo del agua, el grande, grande, grande compuesto químico, la molécula por excelencia.

Saqué una lupa de fuerte aumento y sometí un cristal a observación cuidadosa. Al principio no veía nada especial, dentro de la masa transparente de cuarzo sólo se apreciaban maclas, grietas e inclusiones, pero de pronto, al girar suavemente la pieza, algo se movió en su interior, síiííííí, se movió algo !!!

Allí estaba lo que había decidido regalarme por mi cumpleaños, una diminuta, escasa y rarísima gota de agua dentro de un hermoso ejemplar de cristal de roca. Y no sólo eso, compartiendo aquella microcavidad, había una burbujita de aire y unas microscópicas esférulas de hidrocarburos, brutal. Y por qué, os estaréis preguntando sesión? Pues porque esta gotita hídrica quedó atrapada dentro del dióxido de silicio hace unos 100 millones de años, es decir, 100 millones de años sin cambios apreciables, tal como una diminuta cápsula del tiempo. Esto, naturalmente tiene unas interesante repercusiones. Si con una microsonda accedemos a la gota y la analizamos tendremos una muestra prístina de la composición química de ese momento, y también de su balance isotópico. Una muestra perfecto para reproducir el clima del pasado y para reflexionar sobre la extraordinaria importancia de este líquido maravilloso, pero esta es una historia para otro día.

Marc Boada Ferrer Divulgador científico